La existencia de los objetos son nuestras propias ideas

Berkeley explica también que no podemos concebir la extensión fuera del color o del tacto, y que en general las ideas relativas a las cualidades primarias son inimaginables e inconcebibles si no van acompañadas por las ideas relativas a las cualidades secundarias. Lleva asimismo su teoría hasta el punto extremo al decir que es inconcebible que una cualidad sensible cualquiera, ya sea primaria, ya secundaria, pueda existir fuera del espíritu. Respecto de todos los objetos sensibles, esse est percipi y no es posible que existan fuera del espíritu o del sujeto pensante que los percibe. Finalmente, Berkeley sostiene que la concepción misma de la existencia de una cosa que no sea ni concebida ni pensada está en contradicción consigo misma, pues “cuando nos esforzamos por concebir la existencia de objetos exteriores, no hacemos sino contemplar nuestras propias ideas”.

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